lunes, 30 de noviembre de 2020

Ocho de Junio de 2019


Una de las semanas más complicadas de los últimos meses está a punto de acabar. He sobrevivido a un trabajo en que el teléfono es indispensable y lo he hecho sin teléfono. El cretino, que se fue por la taza del váter sin despedirse siquiera. He resuelto decenas de problemas en las que no me jugaba la vida, pero sí el orgullo y lo he hecho sin tecnología. Como se hacía en los 90, cuando los guías estaban hechos de otra pasta. Cuando se ganaba dinero y se gastaba a espuertas. En esa era de semidioses en el que la historia se entremezcla con la leyenda, el mito con el chismorreo, y el humo de un tubo de escape defectuoso con la nebulosa de tu propia resaca. Hubo un tiempo, te dicen las viejas glorias, en que siempre comíamos de carta.

Cae el sol a plomo en Zaragoza. El concejal de cultura o quien quiera que se encarga de estas cosas debe de haber pensado que el amor por la lectura es más fuerte que los 35 grados de la una de la tarde en la plaza del Pilar. Que los libros te transportan a lugares mejores, en el que tu alma se aclimata solo con la contemplación de la palabra escrita, lugares más frescos en lo frondoso de un bosque o en el interior de un congelador de carne cualquiera. Puestos a imaginar, vamos a imaginar a lo grande.

Las casetas de la feria del libro se han instalado ordenadamente en la plaza, entre la Oficina de Turismo y el Ayuntamiento. En la distancia los toldos que las cubren y separan tiene un sofocante parecido al hule, que te hacen pensar en gotas de sudor recorriendo tu espina dorsal y en un mar de invernaderos asfixiante que se puede ver desde el espacio. Con todo me acerco. Ha sido una semana malísima.

Mirar libros siempre me ha relajado. Y digo mirar. No comprar. Pero ojear las cubiertas, buscar mapas en las guardas, buscar el libro más gordo, el más apetitoso como si de una tarta de varios pisos se tratase, imaginar que lo de dentro es todavía mejor que lo de fuera… es, ha sido y siempre será el pasatiempo favorito de cualquier lector curioso, pobre y roñoso. Y yo soy, para qué negarlo, las tres cosas a la vez.

Y en esas estoy cuando uno de los dependientes me aborda y me dice que qué tal si compro uno de los libros que tengo en la mano. Que el autor es el joven tímido que se sienta a su lado. Que está empezando y que yo tengo cara de necesitar un libro casi tanto como un abanico. Y se hace el silencio. Yo miro al librero, al escritor, al libro, a mi alrededor y otra vez al libro. El vendedor me devuelve la mirada. Y el escritor no quiere ni mirarme, pero cuando lo hace parece estar pensado: “De verdad, no le hagas caso, son cosas suyas. Yo también estoy aquí porque al sol me derrito”.

- “Es una novela histórica”- dice para convencerme. "Por supuesto"- pienso. Justo lo que necesita un Licenciado en Historia. 

¿Dije ya que había sido una semana horrorosa? Pues me compré el libro. Como premio por haber aguantado lo indecible. Un poco por compromiso y un poco por solidaridad. Un poco para irme de allí con la cabeza alta y un poco para que, al verme con un paquete en las manos, nadie se atrevería a volverme a pedir que me gastara el dinero.

Es curioso como los recuerdos te manipulan y te muestran lo que les viene en gana. Porque he repasado gracias a Internet como fue aquel día de 2019 en Zaragoza y la temperatura no superaba los 20 grados. He buscado fotos de las casetas y no tenían un toldo de plástico sino de una madera muy agradable y fresquita. Y estoy convencida de que aquel joven escritor no me sonrió con timidez, sino con la serenidad de quien está haciendo lo que quiere y se siente orgulloso de ello. Pero lo cierto es que todo me parecía horrible y un libro era precisamente lo que necesitaba para cambiar el chip, para ver las cosas como eran y no como las pensaba.

Leí el libro y joder, cómo me gustó. Pero eso, te lo cuento en otra entrada.

¡Nos leemos!

 

domingo, 3 de mayo de 2020

Mi agonía y tu éxtasis

La solución de mi problema  

Llevo cosa de un mes intentado escribir una entrada sobre un libro que me ha apasionado. Literalmente no tengo palabras sobre el papel. No sé qué decir.  Y es frustrante porque hoy mismo he acabado otro libro,  La agonía y el éxtasis de Irving Stone y mis dedos índices se mueven raudos y veloces por el teclado empujados por un puñado de ideas que no me resisto a compartir. ¿Quién necesita mecanografía cuando está cabreado? 

La agonía y el éxtasis es una biografía novelada del artista Miguel ángel Buonarroti escrita por el estadounidense Irving Stone (1903-1989). A veces tiene más de biografía que de novela y a veces lo contrario. Reconociendo el valor de quien intenta hacer interesante todo lo que ocurre entre la salida y la meta de cualquier ser humano, en este caso creo que las buenas intenciones no han sido suficientes. Y no porque la carrera del italiano no tuviera potencial. Sólo ESTAR ahí, ya supera en interés cien vidas de las mías. Es la forma de contármelo lo que convierte la novela en un ejercicio de levantamiento de parpados. Soy campeona de Europa. 

¿Quién fué este hombre?

Miguel Ángel nació en una pequeña villa en Toscana pero se trasladó a Florencia con su familia a corta edad y allí desarrolló gran parte de su creación. Asistió a talleres de pintura y escultura desarrollando especialmente esta última disciplina que consideró la más grande de las artes. En la novela, nosotros seguimos al protagonista en esos primeros años, y más tarde en sus viajes a Roma o Bolonia donde le encargan diferentes trabajos. Asistimos a su madurez como artista y a sus dificultades económicas para mantener a su familia, cobrar sus obras de arte o no incurrir en la ira de quien le paga. Conocemos a muchos de sus contemporáneos, algunos destacados artistas que pasarán sin pena ni gloria por la novela como mero decorado. Acaba el libro mostrándonos a un personaje consagrado, en la cima de su fama y posición y reconciliado con sus mecenas.  

De fondo la Italia del Renacimiento: finales del siglo XV y XVI, intrigas papales, cambios en la espiritualidad individual y colectiva, la reforma religiosa, la evolución del arte, los cambios ( y más bien) recambios políticos... Un escenario apasionante que te deja tan frío como el mármol. Pero sin Terribilitá. 

Italia prohíbe el uso comercial sin autorización del «David» de ...

¿Qué ha pasado aquí?

Uno de mis problemas con la novela es el estilo narrativo del autor. Irving Stone salta de idea en idea, va picoteando con frases inconexas sobre todo lo que rodea al artista sin que esas ideas, a veces simplemente frases o diálogos sin sentido, te lleven a ninguna parte. Vamos a poner un ejemplo pequeñito. Nos cuenta Stone como Miguel Ángel y su ayudante construyen en madera la maqueta para una de sus obras de arte. Diseñan un armazón, complementan con arcilla, organizan su día para culminar el diseño...etc. EN MEDIO DEL PÁRRAFO, Stone nos dice que Fulano (otro personaje) iba al mercado a comprar almejas para hacer un plato típico. Acaba la frase, volvemos al trabajo de Miguel Ángel donde lo habíamos dejado COMO SI LO OTRO NO HUBIERA PASADO. 

"Bueno chica, es sólo un ejemplo en una novela de 600 páginas". 

Desgraciadamente son 600 ejemplos en sólo un poquito de novela. 

Esto me da dos ideas. La primera que el trabajo de documentación que ha llevado a cabo el escritor sobre la vida del artista es impresionante, abundante y concienzudo. Un buen trabajo. El trabajo como demérito prácticamente. Porque tengo la impresión que si Stone conoce que Miguel Ángel produjo determinada afirmación o idea, él nos la meterá con calzador aunque en ese capítulo no venga a cuento o esté fuera de toda trama, carezca de significado para el lector o no nos lleve a ninguna parte. 

La segunda, que ese exhaustivo trabajo de recopilar información parece haberse quedado ahí, sin un verdadera labor de digestión o traducción entre quien lo estudia y quien lo recibe. Un lector medio no entenderá las decenas de cambios políticos y luchas entre facciones que caracterizan el momento histórico, en las que hoy eres mi amigo y mañana Dios dirá, porque el autor parece olvidar que ponerte en contexto es uno de los principales deberes de una buena novela histórica. ¿Puedes leerlo a pesar de eso? Sí, sin duda. Pero tendrás cabos sueltos y al final te parecerá hasta cachondeo que "donde dije digo,digo diego".  Una  vez más te demuestro todo lo que sé, pero no lo transformo en una novela. 

Un detalle, (esto sí es un detalle sin importancia pero me ha llamado la atención) es que inexplicablemente los personajes hablan a veces en italiano, a veces en el idioma de la traducción para... No tengo respuesta.  ¿Para que tengamos claro que estamos en Italia? ¿Que saben idiomas? ¿Que las cosas importantes de la vida (Querido,  Buenos días, Mal caracter... ) se dicen en la lengua materna? Lo más curioso es que no es la primera vez que me encuentro con este recurso en una novela histórica y a Dios pongo por testigo que no sé de donde viene y por qué ocurre. 

Yo soy hijo de mi tiempo

¿Qué me comentas?
Ese exceso de documentación chirría al máximo cuando Stone pasa de puntillas por la que es considerada la relación sentimental más importante de la vida de Miguel Angel. Aquella que mantiene ya en la madurez con Tommaso de Cavalieri.

En la novela apenas se habla de unas pocas relaciones amorosas en la vida del artista: una platónica con la hija de Lorenzo de Medicis, Contessina; y otra intermitente y puramente física con una noble boloñesa, (ni recuerdo el nombre ni voy a buscarlo ahora) en su juventud. Unos años después  conoce a una noble e intelectual viuda llamada Vitoria Colonna que en casi todas las referencias a su vida se describe como AMIGA. En ese periodo intima también con Cavalieri.  El autor no esconde la relación que tuvieron: chico conoce chico, se conocen, se caen bien, se escriben cartas, pasan tiempo juntos, se escriben más cartas, pasean cogidos del brazo, se dicen te amo. Vamos, lo que viene siendo lo que viene siendo. 

¿Qué bien todo, no? Pues no. En un determinado momento un personaje escribe a Miguel Angel y le comenta que éste solo manda dibujos a quienes se beneficia, por ejemplo a Tommaso. Er migué, se indigna muchísimo. "¿PERO CÓMO SE ATREVE A DECIRME ESTO? ¿Yo? ¡Calumnia! ¡ME ACUSA DEL MISMO PECADO QUE A LEONARDO!" Y Tommaso contesta: Caro, tranquilo, nosotros sabemos la verdad.

No fastidies. La verdad, la sabemos tu y él y todos los demás.  Stone parece mucho más cómodo romantizando la historia con Colonna que admitiendo que Miguel Ángel y Cavalieri mantuviesen una relación de pareja cladestina por el momento histórico en que nos encontramos. Y vamos a decirlo claramente, si bien no existen pruebas explícitas de ninguna, hay muchos más indicios para pensar en una relación con él que con ella. 

Esto me ha indignado muchísimo. Si la cuestión está entre ser fiel a lo probado o novelizar también lo que supongo, ¿a dónde ha ido a parar ese exceso de celo por ser preciso y recogerlo todo? Exactamente a la primera página de la novela donde leemos que se publicó en 1961. Punto y final.



No tengo una respuesta definida a si prefiero la vida cruda del personaje protagonista, o por el contrario me gusta más la construcción que se lleva a cabo en la mente de un escritor. Siendo sincera, no creo que ese cambio hubiera alterado mi opinión general sobre este libro en concreto. Igual mi problema es con el libro y no con sus detalles. A lo mejor no es él, soy yo. A lo mejor, si es mío el problema, mía es la solución. 

A lo mejor, escribiendo esto, soluciono mi problema y sigo adelante.



martes, 18 de febrero de 2020

Francamente querida, se te fue la mano


Lo mejor Lo peor Lo curioso de leer una novela tan mundialmente, universalmente, esféricamente, poliédricamente…  conocida, es que te das cuenta de que, en realidad, tampoco la conoces tanto. Como cuando te lees Frankenstein y te das cuenta de que el monstruo no es quien da título a la obra. Como cuando te lees Los tres Mosqueteros y descubres que vas con Milady porque no podrías ir con ningún otro.

Lo que el viento se llevó fue película si no desde su misma escritura, si antes de su publicación, cuando el productor Selznick, el hombre detrás de ese coloso del cine que batió todos los records, decidió comprar los derechos de la obra de Margaret Mitchell. Porque la novela olía bien, se sentía bien, se intuía mejor. Y si el libro lo petó desde el principio (miles de reservas antes de ser siquiera publicado en una autora nóvel y relativamente desconocida se supone el sueño húmedo de escritores con corbata y letra mayúscula en el respaldo) la película lo convirtió en leyenda.


Habré visto decenas de veces Gone with the wind. He memorizado diálogos enteros. Conozco cuando sube la música hasta romper la cristalería. Sonrío antes de que lo haga Clark Gable. Nos brilla el mismo colmillo.  


Es una buena película. Y ahora que he leído la novela, puedo decir que en mi opinión es una sobresaliente adaptación. Pero no lo cuenta todo. No lo enseña todo. El libro se guarda cosas para aquellos que osados o aburridos, apasionados o hambrientos de drama, cogen en sus manos las 1000 páginas de letra minúscula y papel bíblia de la gran novela americana. Por eso, a pesar de conocer los matrimonios, los giros, el principio y el final... leer Lo que el viento se llevó ha tenido su ración de sorpresa y de reflexión.

Un ajuste de cuentas

La novela se publicó por primera vez el 30 de junio de 1936. Cuenta la historia de Escarlata O´hara, una joven de Georgia, criada entre algodones literal y figuradamente, enamorada platónicamente de un vecino de su misma clase social, Ashley que, sin embargo, la rechaza para unirse con otra mujer, Melania, en un matrimonio planificado desde su infancia. El mismo día que sufre ese desengaño, conoce a Rhett, un caballero con poca fama de tal que se convertirá con el tiempo en amigo y confidente.

Este es el mejunje de la historia y estos los personajes principales que interatuan con otros muchos en una novela, larga en extensión y en pretensiones. Pero no es lo principal ni lo fascinante. Todo ocurre en una época convulsa en los EEUU: la guerra y posguerra de Secesión Americana, esa en que unos estados del sur quisieron independizarse del resto para mantener su modelo económico, basado en la agricultura y fundamentado en la mano de obra esclava. Los estados del sur, orgullosos de haberse construido con el sudor de su trabajo primero, y con las monedas que pagaron por sus negros después, no estaban dispuestos a que ningunos puritanos, peor vestidos, menos elegantes, industriales o intelectuales, vinieran a dictarles sus normas, ni a coartarles su prosperidad (para que nos hagamos a la idea, los yankis son los protagonistas de Mujercitas).

 
Dos mundos diferentes
 
Todos los personajes de esta novela son sureños, como lo era también Margaret Mitchell. La autora nació en 1900, lo que significa que familiares y amigos vivieron el enfrentamiento civil y la reconstrucción del sur, y que ella conoció estos acontecimientos de boca de aquellos que vieron lo que el viento se llevaba. Porque como sabemos los confederados perdieron la batalla de la guerra, y de la historia. Y Mitchell en su obra decidió ajustar las cuentas. Así que este ha sido, para mí, el primer punto sorpresivo del libro. 

Un afan consciente, casi militante de la autora en revindicar los sufrimientos del bando perdedor y denunciar los abusos de los Carpetbaggers (norteños migrados al sur tras la guerra en busca de fortuna) y los Scalawags (confederados reconvertidos en republicanos al final de la contienda para participar de los nuevos gobiernos). Descritos como carroñeros unos y traidores otros, oportunistas todos, sus acciones pero sobre todo las reacciones de los protagonistas ante su mera existencia se convierten en una parte muy importante de la obra, la menos vistosa y épica, pero para mí, y de lejos, la más interesante.
Escarlata se alía abiertamente con ellos, decidia a "no volver a pasar hambre" y lo hace para abrirse camino en la nueva realidad y enriquecerse cada día. Mientras, la sociedad que la censura y al mismo tiempo la sufre, los desprecia y la desprecia a ella por haber caído tan bajo en su deseo de ascender a lo más alto.  Por haber cogido las riendas de su vida e intentar abrirse camino a toda costa.  Se trata de una sociedad romántica, idealista, primaria, caballeresca, contemplativa excepto en su afan de hacer una guerra desesperada para la que no estaban preparados. Un grupo de hombres y mujeres que cuando decide finalmente pasar a la acción, lo hace fundando el Ku Klux Klan para responder con ataques a los ataques que sufren. No lo puedo decir con otras palabras TÓCATE LOS COJONES MARILOLI. 

Carpetbagger (carpet bag, bolsa de alfombra)

Selznick cuidó muy mucho eliminar cualquier referencia al Klan en el film, y la muerte del segundo marido de Escarlata se presenta como una simple escaramuza en la que los caballeros del sur intentan vengar un ataque que ha sufrido la protagonista, en lugar del resultado de una refriega una noche de viernes santo. 

Por otro lado, lo que no nos cuentan y si encontramos en el libro, es un discurso racista que desaprueba continuamente el destino dado a la población negra, libre desde la decimotercera enmienda, y para mayor indignación de los protagonistas, con derecho a voto desde la decimoquinta. Un pueblo, una sociedad, una epoca pueden ser racistas sin que podamos considerar malas personas a los que en ella viven. Es terrible, pero real. Lo que el viento se llevó es racista cuando niega a los negros la capacidad para llevar a cabo trabajos asalariados. Es racista cuando los tilda de niños que necesitan la supervisión y vigilancia de sus amos blancos, y es racista cuando reconociéndoles parte de la família, queriéndoles y valorándoles en lo íntimo, les prohibe formar parte de las mismas en lo público. Es racista porque el siglo XIX lo fué. Y 1936 también. El solitario Oscar de Hattie McDaniel durante 25 años es prueba de ello.

"Los antiguos campesinos negros se habían encontrado elevados de repente al rango de dominadores y dueños del poder (...) se conducían como cabía esperar de gente tan poco inteligente. Semejantes a monos o a niños que vivieran en medio de objetos cuyo valor no podían comprender, se entregaban a toda clase de excesos, ya por el placer de destruir, ya por simple ignorancia".
Más allá del triangulo amoroso


He dicho antes que esta era la gran novela americana. Lo mantengo. O por lo menos, una de las grandes novelas americanas. Pero discrepo enérgicamente del eslogan que aparece en la portada que he usado. ¿La historia de amor más fascinante jamás contada? ¿De qué historia de amor estamos hablando exactamente?

La historia de amor más duradera de la novela es la platónica, entre Escarlata y Ashley. Es una relación basada en el sacrificio, santificada por no consumada, sufriente y doliente por la renuncia, que tiene más de No que de Sí. Donde no cabe el Sí porque el regodeo en el No es lo que le da sentido. En una segunda parte de Lo que el viento se llevó, Escarlata y Ashley no durarían ni un fin de semana. Hablan idiomas diferentes. Cuando Ashley se lamenta por el hundimiento de una civilización, Escarlata escucha a un mono tocar los platillos. LITERALMENTE. 

La historia de amor más tóxica es la de Escarlata y Rhett. Y la culpa es de ambos. Sin embargo necesito reivindicar que Rhett no es un héroe trágico, ni el galán con el que las señoras deben soñar. No es un yerno deseable ni un marido apetecible. Y su buena prensa se debe solamente a que durante mucho tiempo, y en muchos pasajes con razón, Escarlata fue la mala de la película. 
El problema de Rhett es su orgullo extraordinario que le lleva a querer sin declarar, cuidar sin dar que hablar, ceder sin que se note, pretender quedar siempre en mejor lugar, jugar una partida de naipes prefiriendo ser descubierto con las cartas marcadas que perder limpiamente. El problema de Rhett se llama Rhett. Rhett murió (emocionalmente) de ser Rhett hasta las últimas consecuencias. 

La historia de amor más sincera y real es la fraternal entre Melania y Escarlata. Aquella que se cocina a fuego lento y que a pesar de todo está a las duras y a las maduras. Aquella que se basa en el conocimiento y reconocimiento del otro. Escarlata, se resiste a entablar una amistad con su cuñada, pero los momentos en que se descubre a si misma admirando el comportamiento de Melania, son pequeñas victorias que sentí como casi mías.

El personaje de Melania me pareció maravilloso. Es una mujer profundamente leal y valiente. Con unos valores muy firmes pero al mismo tiempo con un profundo respeto por la sociedad en la que ha vivido, a la que ama y con la que se identifica. Un respeto que sin embargo no le impide saltarse ciertas convenciones (recibir a Rhett, Bela Watling, o la misma Escarlata en alguna ocasión) porque eso es lo que le dicta su conciencia. 

En resumen, Lo que el viento se llevó es una gran novela sobre el crecimiento de su protagonista Escarlata O´hara, uno de los mejores personajes femeninos que he leído en mucho tiempo. A la que dan ganas de querer mucho y de abofetear también. Un personaje todavía mas complejo y rico de lo que se muestra en la película a pesar de ser, como ya dije una gran adaptación. Es también una historia sobre la destrucción de un modo de vida y de cómo los personajes protagonistas, intentan adaptarde mejor o peor a esa  nueva realidad a golpe de voluntad, sacrificio o de sueños.

 

Ocho de Junio de 2019

Una de las semanas más complicadas de los últimos meses está a punto de acabar. He sobrevivido a un trabajo en que el teléfono es indispe...