martes, 18 de febrero de 2020

Francamente querida, se te fue la mano


Lo mejor Lo peor Lo curioso de leer una novela tan mundialmente, universalmente, esféricamente, poliédricamente…  conocida, es que te das cuenta de que, en realidad, tampoco la conoces tanto. Como cuando te lees Frankenstein y te das cuenta de que el monstruo no es quien da título a la obra. Como cuando te lees Los tres Mosqueteros y descubres que vas con Milady porque no podrías ir con ningún otro.

Lo que el viento se llevó fue película si no desde su misma escritura, si antes de su publicación, cuando el productor Selznick, el hombre detrás de ese coloso del cine que batió todos los records, decidió comprar los derechos de la obra de Margaret Mitchell. Porque la novela olía bien, se sentía bien, se intuía mejor. Y si el libro lo petó desde el principio (miles de reservas antes de ser siquiera publicado en una autora nóvel y relativamente desconocida se supone el sueño húmedo de escritores con corbata y letra mayúscula en el respaldo) la película lo convirtió en leyenda.


Habré visto decenas de veces Gone with the wind. He memorizado diálogos enteros. Conozco cuando sube la música hasta romper la cristalería. Sonrío antes de que lo haga Clark Gable. Nos brilla el mismo colmillo.  


Es una buena película. Y ahora que he leído la novela, puedo decir que en mi opinión es una sobresaliente adaptación. Pero no lo cuenta todo. No lo enseña todo. El libro se guarda cosas para aquellos que osados o aburridos, apasionados o hambrientos de drama, cogen en sus manos las 1000 páginas de letra minúscula y papel bíblia de la gran novela americana. Por eso, a pesar de conocer los matrimonios, los giros, el principio y el final... leer Lo que el viento se llevó ha tenido su ración de sorpresa y de reflexión.

Un ajuste de cuentas

La novela se publicó por primera vez el 30 de junio de 1936. Cuenta la historia de Escarlata O´hara, una joven de Georgia, criada entre algodones literal y figuradamente, enamorada platónicamente de un vecino de su misma clase social, Ashley que, sin embargo, la rechaza para unirse con otra mujer, Melania, en un matrimonio planificado desde su infancia. El mismo día que sufre ese desengaño, conoce a Rhett, un caballero con poca fama de tal que se convertirá con el tiempo en amigo y confidente.

Este es el mejunje de la historia y estos los personajes principales que interatuan con otros muchos en una novela, larga en extensión y en pretensiones. Pero no es lo principal ni lo fascinante. Todo ocurre en una época convulsa en los EEUU: la guerra y posguerra de Secesión Americana, esa en que unos estados del sur quisieron independizarse del resto para mantener su modelo económico, basado en la agricultura y fundamentado en la mano de obra esclava. Los estados del sur, orgullosos de haberse construido con el sudor de su trabajo primero, y con las monedas que pagaron por sus negros después, no estaban dispuestos a que ningunos puritanos, peor vestidos, menos elegantes, industriales o intelectuales, vinieran a dictarles sus normas, ni a coartarles su prosperidad (para que nos hagamos a la idea, los yankis son los protagonistas de Mujercitas).

 
Dos mundos diferentes
 
Todos los personajes de esta novela son sureños, como lo era también Margaret Mitchell. La autora nació en 1900, lo que significa que familiares y amigos vivieron el enfrentamiento civil y la reconstrucción del sur, y que ella conoció estos acontecimientos de boca de aquellos que vieron lo que el viento se llevaba. Porque como sabemos los confederados perdieron la batalla de la guerra, y de la historia. Y Mitchell en su obra decidió ajustar las cuentas. Así que este ha sido, para mí, el primer punto sorpresivo del libro. 

Un afan consciente, casi militante de la autora en revindicar los sufrimientos del bando perdedor y denunciar los abusos de los Carpetbaggers (norteños migrados al sur tras la guerra en busca de fortuna) y los Scalawags (confederados reconvertidos en republicanos al final de la contienda para participar de los nuevos gobiernos). Descritos como carroñeros unos y traidores otros, oportunistas todos, sus acciones pero sobre todo las reacciones de los protagonistas ante su mera existencia se convierten en una parte muy importante de la obra, la menos vistosa y épica, pero para mí, y de lejos, la más interesante.
Escarlata se alía abiertamente con ellos, decidia a "no volver a pasar hambre" y lo hace para abrirse camino en la nueva realidad y enriquecerse cada día. Mientras, la sociedad que la censura y al mismo tiempo la sufre, los desprecia y la desprecia a ella por haber caído tan bajo en su deseo de ascender a lo más alto.  Por haber cogido las riendas de su vida e intentar abrirse camino a toda costa.  Se trata de una sociedad romántica, idealista, primaria, caballeresca, contemplativa excepto en su afan de hacer una guerra desesperada para la que no estaban preparados. Un grupo de hombres y mujeres que cuando decide finalmente pasar a la acción, lo hace fundando el Ku Klux Klan para responder con ataques a los ataques que sufren. No lo puedo decir con otras palabras TÓCATE LOS COJONES MARILOLI. 

Carpetbagger (carpet bag, bolsa de alfombra)

Selznick cuidó muy mucho eliminar cualquier referencia al Klan en el film, y la muerte del segundo marido de Escarlata se presenta como una simple escaramuza en la que los caballeros del sur intentan vengar un ataque que ha sufrido la protagonista, en lugar del resultado de una refriega una noche de viernes santo. 

Por otro lado, lo que no nos cuentan y si encontramos en el libro, es un discurso racista que desaprueba continuamente el destino dado a la población negra, libre desde la decimotercera enmienda, y para mayor indignación de los protagonistas, con derecho a voto desde la decimoquinta. Un pueblo, una sociedad, una epoca pueden ser racistas sin que podamos considerar malas personas a los que en ella viven. Es terrible, pero real. Lo que el viento se llevó es racista cuando niega a los negros la capacidad para llevar a cabo trabajos asalariados. Es racista cuando los tilda de niños que necesitan la supervisión y vigilancia de sus amos blancos, y es racista cuando reconociéndoles parte de la família, queriéndoles y valorándoles en lo íntimo, les prohibe formar parte de las mismas en lo público. Es racista porque el siglo XIX lo fué. Y 1936 también. El solitario Oscar de Hattie McDaniel durante 25 años es prueba de ello.

"Los antiguos campesinos negros se habían encontrado elevados de repente al rango de dominadores y dueños del poder (...) se conducían como cabía esperar de gente tan poco inteligente. Semejantes a monos o a niños que vivieran en medio de objetos cuyo valor no podían comprender, se entregaban a toda clase de excesos, ya por el placer de destruir, ya por simple ignorancia".
Más allá del triangulo amoroso


He dicho antes que esta era la gran novela americana. Lo mantengo. O por lo menos, una de las grandes novelas americanas. Pero discrepo enérgicamente del eslogan que aparece en la portada que he usado. ¿La historia de amor más fascinante jamás contada? ¿De qué historia de amor estamos hablando exactamente?

La historia de amor más duradera de la novela es la platónica, entre Escarlata y Ashley. Es una relación basada en el sacrificio, santificada por no consumada, sufriente y doliente por la renuncia, que tiene más de No que de Sí. Donde no cabe el Sí porque el regodeo en el No es lo que le da sentido. En una segunda parte de Lo que el viento se llevó, Escarlata y Ashley no durarían ni un fin de semana. Hablan idiomas diferentes. Cuando Ashley se lamenta por el hundimiento de una civilización, Escarlata escucha a un mono tocar los platillos. LITERALMENTE. 

La historia de amor más tóxica es la de Escarlata y Rhett. Y la culpa es de ambos. Sin embargo necesito reivindicar que Rhett no es un héroe trágico, ni el galán con el que las señoras deben soñar. No es un yerno deseable ni un marido apetecible. Y su buena prensa se debe solamente a que durante mucho tiempo, y en muchos pasajes con razón, Escarlata fue la mala de la película. 
El problema de Rhett es su orgullo extraordinario que le lleva a querer sin declarar, cuidar sin dar que hablar, ceder sin que se note, pretender quedar siempre en mejor lugar, jugar una partida de naipes prefiriendo ser descubierto con las cartas marcadas que perder limpiamente. El problema de Rhett se llama Rhett. Rhett murió (emocionalmente) de ser Rhett hasta las últimas consecuencias. 

La historia de amor más sincera y real es la fraternal entre Melania y Escarlata. Aquella que se cocina a fuego lento y que a pesar de todo está a las duras y a las maduras. Aquella que se basa en el conocimiento y reconocimiento del otro. Escarlata, se resiste a entablar una amistad con su cuñada, pero los momentos en que se descubre a si misma admirando el comportamiento de Melania, son pequeñas victorias que sentí como casi mías.

El personaje de Melania me pareció maravilloso. Es una mujer profundamente leal y valiente. Con unos valores muy firmes pero al mismo tiempo con un profundo respeto por la sociedad en la que ha vivido, a la que ama y con la que se identifica. Un respeto que sin embargo no le impide saltarse ciertas convenciones (recibir a Rhett, Bela Watling, o la misma Escarlata en alguna ocasión) porque eso es lo que le dicta su conciencia. 

En resumen, Lo que el viento se llevó es una gran novela sobre el crecimiento de su protagonista Escarlata O´hara, uno de los mejores personajes femeninos que he leído en mucho tiempo. A la que dan ganas de querer mucho y de abofetear también. Un personaje todavía mas complejo y rico de lo que se muestra en la película a pesar de ser, como ya dije una gran adaptación. Es también una historia sobre la destrucción de un modo de vida y de cómo los personajes protagonistas, intentan adaptarde mejor o peor a esa  nueva realidad a golpe de voluntad, sacrificio o de sueños.

 

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