En el aeropuerto de Ostende, el café tiene un 21% de IVA, un
impuesto estándar. El cruasán, un 12%, un IVA reducido. Será, que en Bélgica
el café es, si no un producto de lujo, por lo menos algo no necesario, no vital, no imprescindible. Como las
compresas en España. Quiza porque el café viene de Colombia y porque aquí son más de tomar
la leche con leche.
El cruasan de mantequilla es, en cambio, de primera necesidad. Hay que
darle salida a la mantequilla holandesa. Es una cuestión de nacionalismo,
afinidad cultural y lingüística. El café es un lujo. Y si dices expresó con
acento en la O, es además un lujo francés y católico. Un lujo asqueroso.
El aeropuerto de Ostende tiene 8 mostradores para facturar. La mitad de ellos están cerrados. Tiene dos cintas para pasar el control de seguridad. Tiene cuatro puertas de embarque. Tiene una cafetería y un puñado de mesas.
Hay estaciones de autobuses más grandes que el aeropuerto de Ostende. Hay Primarks más grandes que el aeropuerto de Ostende. Desgraciadamente hay primarks muy grandes y con mucha gente…
En la cafetería del aeropuerto de Ostende no venden agua ni
refrescos. Te los compras en la máquina porque la máquina cabe en el aeropuerto
de Ostende pero no cabe en la cafetería del aeropuerto de Ostende. Por eso está
en el pasillo del aeropuerto de Ostende. Entre el control de seguridad y la
puerta de embarque. Ese es el punto crítico, el punto exacto, donde si no vas
con cuidado te despistas y te sales a Ostende otra vez.
Desde hace dos horas, anuncian por megafonía que los pasajeros que han facturado para su vuelo a Alicante deben dirigirse rápidamente al control de seguridad y a las puertas de embarque. No vaya a ser que se pierdan por el camino. En los grandes aeropuertos hay una fuerza que atrae a los viajantes de un escaparate a otro, de comercio en comercio, hasta que sin darse cuenta, sin saber cómo, han recorrido los, a veces, cientos de metros que les separan de su puerta de embarque. Pero aquí, aquí la misma fuerza te impide moverte de tu asiento. No es centrífuga. Es la otra. Ves la meta tan cerca, pero tan cerca, que confias en tus posibilidades y tu buen estado físico para recorrer los 10 metros que te separan de la puerta. Pero no te confies.
Desde hace dos horas, anuncian por megafonía que los pasajeros que han facturado para su vuelo a Alicante deben dirigirse rápidamente al control de seguridad y a las puertas de embarque. No vaya a ser que se pierdan por el camino. En los grandes aeropuertos hay una fuerza que atrae a los viajantes de un escaparate a otro, de comercio en comercio, hasta que sin darse cuenta, sin saber cómo, han recorrido los, a veces, cientos de metros que les separan de su puerta de embarque. Pero aquí, aquí la misma fuerza te impide moverte de tu asiento. No es centrífuga. Es la otra. Ves la meta tan cerca, pero tan cerca, que confias en tus posibilidades y tu buen estado físico para recorrer los 10 metros que te separan de la puerta. Pero no te confies.
Y eso es todo lo que tengo que decir del aeropuerto de
Ostende.

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